El Ritmo y la Innovación

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Durante las primeras etapas del proceso de innovación, es normal que un equipo no cuente aún con herramientas tales como una visión compartida, metas, objetivos, calendarios y una clara división de tareas. Muchas veces, cuando encaramos el mundo de lo desconocido desprovistos de estas herramientas habituales, nuestro estado de ánimo (las emociones) fácilmente puede distraer nuestra atención y desviárnos de la meta. En este artículo queremos introducir un concepto fundamental para encarar la ineludible incertidumbre del proceso de innovación: el ritmo.

Por Matías Mackinlay y Aaron Sabbagh

Pocos recursos son tan útiles para introducir un nuevo concepto como una buena anécdota. Por lo tanto, iniciaremos con una. Años atrás, Matías fue con su familia a veranear a Miramar, llevando un gomón para salir de pesca todos juntos, y fue durante ese viaje que se dio cuenta de la importancia del ritmo. A continuación se presenta el relato de Matías:

Durante aquel viaje familiar se acercaron dos personas muy alteradas, solicitándonos ayuda para rescatar a dos surfistas que no podían volver a la costa a causa del intenso viento de tierra. La marea los estaba llevando contra las rocas y éramos los únicos que teníamos, a esa hora de la tarde, un gomón disponible para intentar rescatarlos.

Si bien teníamos toda la intención de ayudarlos, las dudas de poder sortear las altas olas que rompían delante de nosotros no me permitían responder en forma afirmativa.

Luego de unos minutos, se acercó un hombre mayor, muy conocedor de la zona y me dijo “¿puedo hablar un minuto con usted?”. Extrañado del suceso, pero ávido por saber lo me quería decir, acepté en forma espontánea, “joven no se fije en las olas, sino en el ritmo del mar”, me dijo.  Y efectivamente, entre las dos olas grandes siempre había dos chiquitas que, si nos preparábamos correctamente, nos iban a permitir entrar mar adentro a rescatar los surfistas. Y así lo hicimos.

En el manejo de proyectos innovadores, también hay un ritmo que se logra mediante la repetición continua de acciones y prácticas que –a diferencia de las tareas en un calendario- no tienen fecha de caducidad. Como las olas del mar, estas acciones vitales son permanentes y el innovador las debe repetir una y otra vez, siguiendo una frecuencia determinada y con disciplina para mantener vivo su proyecto. Seguidamente se presentan los tres elementos del ritmo: acciones vitales, frecuencia y disciplina.

Acciones vitales

Un innovador puede haber concertado una reunión para la venta de su nuevo producto para el día martes y puede haber detallado la elaboración de una propuesta como tarea pendiente necesaria para la reunión. En ambos casos, la fecha y la elaboración de la propuesta se convierten irrelevantes luego de haber sucedido la reunión y de haberse elaborado la propuesta. En cambio, el innovador sabe que para poder calendarizar reuniones y generar propuestas, debe efectuar llamados constantemente. Estos llamados constituyen una acción vital. Es decir, una acción que no tiene fecha de caducidad y que el innovador debe repetir en forma sistemática para que su proyecto se mantenga vivo.

Frecuencia

El segundo elemento del ritmo es la frecuencia con la cuál deben ser repetidas las acciones o prácticas vitales. La persona debe identificar cuál es la frecuencia que le permite hacer uso óptimo de sus recursos. Cuando respiramos, inhalamos y exhalamos con una frecuencia que nos permite obtener suficiente oxigeno y deshacernos de los excesos de dióxido de carbono en forma óptima. Si ponemos atención a la respiración, notaremos que esta tiene una frecuencia que puede ser medida y que tiene un ritmo particular.

De manera similar a la respiración, y a la intensidad de las olas del mar, es importante definir cuál es la frecuencia óptima con la cual debe ser realizada la acción o práctica vital para el proyecto. El innovador podría preguntarse ¿cuál es el número de llamados que necesito realizar por día para comercializar con éxito mi innovación?

Disciplina

El tercer elemento del ritmo es la disciplina. Cuando hemos logrado identificar las prácticas vitales y la frecuencia óptima, lo importante es aplicarlas rigurosamente, o sea con disciplina, independientemente de nuestro estado de ánimo. Las emociones son información y motor para la acción, quiere decir que muchas tareas dependerán de nuestro estado de ánimo, sin embargo, por otro lado, hay un mínimo de acciones que tendremos que ejecutar en forma constante para no poner en riesgo los objetivos acordados del proyecto innovador.

En resumen, ante la incertidumbre, el ritmo es una herramienta potente para no caer víctimas de los altibajos de nuestros estados de ánimo. Identificar el ritmo implica detectar aquellas acciones vitales que deben ser repetidas de forma continua; definir la frecuencia con la cual se deben llevar a cabo estas acciones; y ejecutarlas con la frecuencia adecuada de forma disciplinada.

* Matías Mackinlay es Consultor Senior de la Consultora Ingouville, Nelson & Asociados. Licenciado en Administración de Empresas (Universidad Católica Argentina), Bancos y Finanzas (Univ. de la Sorbonne), Counselor en psicología (Holos) y Neuropsicoeducador( Fundación Educar). Es Co-autor del libro “El Método de Innovación Creativa” (Editorial Granica, en prensa).

* Aaron Sabbagh es Socio y Gerente General de la Consultora Ingouville, Nelson & Asociados en Perú. Sociólogo y Antropólogo por la Universidad Hebrea de Jerusalem (Israel) y M.A. por la Universidad de San Andrés (Argentina). Es Co-autor del libro “El Método de Innovación Creativa” (Editorial Granica, en prensa).

 

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