Las otras crisis

Este artículo tiene actualmente 111 Vista(s)

Dicen que ya ni llorar es bueno, pero cómo dan ganas de que llorando se fueran los problemas.

Después de saber que ahí nos venía la pandemia y luego el confinamiento que nos mandó a todos a casa y que como consecuencia los negocios y las empresas han sufrido cuantiosas pérdidas, han aparecido muchas otras pandemias en paralelo.

La primera desde luego es una pandemia de salud debido al covid19 que se convirtió en el enemigo invisible, la bala perdida, el chicle pegajoso que no sabías en dónde podría estar escondido justo para saltarte encima si tantito te descuidabas.

Luego la pandemia social, lo que implica en las personas el confinamiento para lo cual, no estábamos ni tantito preparados, ni emocional ni mentalmente.

En las parejas de pronto se reveló lo invisible, lo que nunca se dijo, lo que se omitió o postergó. Emergieron esas situaciones que se metieron abajo del tepete para no enfrentarlas, no hablarlas, no solucionarlas. Y vino el rompimiento o por lo menos, la separación temporal “en lo que se piensan mejor las cosas”.

La pandemia mental que también es un problema de salud y que ha traído consecuencias devastadoras en ciertas personas, llegando incluso algunas al suicidio.

Los padres de familia de pronto se vieron conviviendo todo el día en pareja y con los hijos, dándose cuenta que compartir el tiempo y el entorno del hogar con la familia es muy diferente, como lo es llevarlos diario a la escuela y deshacerse de ellos por unas horas y los fines de semana pasear o tener un distractor que los aleja de tener conversaciones más profundas y reveladoras que permitan afianzar los lazos familiares, pero los verdaderos lazos, los que se tejen a la luz de la inteligencia y la voluntad y no de la simulación de la familia perfecta.

Quedar uno frente a los demás totalmente desnudos sí que asusta.

Pero por supuesto que también hay historias felices a donde los lazos afectivos de parejas y familias se reforzaron y ahora sí se juran amor eterno.

Eso en cuanto al contexto del convivio personal y familiar que podríamos llamarla la Etapa I de toda esta situación.

Luego viene la Etapa II, la pandemia económica que siempre va de la mano con la política. Aquí es a donde las cuentas corren y el dinero empieza a escasear y hay que hacer todo tipo de trabajos para poder equilibrar los gastos. Y como hay que improvisar mucho, los resultados no siempre son tan buenos.

Después viene la Etapa III, la pandemia Financiera como consecuencia de la anterior, a donde el efectivo ya se agotó y se tuvo que echar mano de las tarjetas de crédito para los gastos corrientes sin contar con que los bancos ya terminan su etapa de condonación o de programas de plazos y empezarán a cobrar los créditos adquiridos.

A nivel global podríamos también incluir la Etapa IV, que correspondería a la pandemia ambiental a donde todos los enseres de prevención para evitar el contagio por Covid19 como los cubrebocas ya andan flotando en el mar, sumándose a la basura nociva para la fauna y flora marina y por consecuencia para la raza humana.

Estamos en un momento en el que vamos solucionando a paso apresurado y de manera improvisada, los problemas que son consecuencia uno del otro.

Podríamos decir que es la pandemia del rompimiento de estructuras, que rompe con la simulación en todos los ámbitos y nos deja solitos frente al espejo preguntándonos quienes hemos sido todo este tiempo.

Es el tiempo de la hiperrealidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *