Éramos tan felices, y no lo sabíamos

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Por: Norma Morel
Cuántas veces hemos visto en las redes sociales esta frase durante el tiempo de cuarentena por Covid19. La hemos visto en memes en tono sarcástico, humorístico, trágico, nostálgico. La verdad es que, en cualquier tono, tiene mucho de verdad.


A tres meses de confinamiento, es cansado hablar de la “nueva realidad”, pero también es verdad. Esta nueva versión de nuestra cotidianeidad impacta de diversas maneras los diferentes ámbitos de nuestra existencia.


La convivencia familiar también tiene sus nuevos protocolos. La entrada y salida de casa, aunque sea a la banqueta tiene todo un ritual de desinfección de zapatos, ropa, manos y por supuesto si recibimos algún paquete de mensajería, de comida, del súper.

Cashier or supermarket staff in medical protective mask and face shield working at supermarket. covid-19 spreading outbreak


Absolutamente todo lo que se recibe se debe ir lavando con agua y jabón, producto por producto. Todo lo que compramos, Incluido el dinero que intercambiamos. Y para toda esta acción, no podemos olvidar el cubrebocas aún cuando nuestro diálogo con un mensajero, el cartero, un vecino sea de sólo 3 minutos y un intercambio de palabras breves como un simple “gracias”.
Ni qué decir de la preparación que todo el mundo estamos teniendo para el Retorno Seguro a los Centros Laborales, que no son ocurrencias de los patrones, sino que están estipulados en Lineamientos Oficiales y que se deben observar por ley.


Los toques de queda en donde se estén llevando a cabo con la finalidad de preservar el aislamiento social en pos de evitar la pandemia, independientemente del origen de esta decisión de los gobiernos, deja mucho para pensar no solamente en las nuevas formas de relacionarnos socialmente, sino en formas de relación estado-sociedad que se puedan dar en un futuro cercano, so pretexto de mantener el aislamiento social para evitar los contagios. Pero eso es otro tema y uno muy grande que merece un punto y aparte de los grandes analistas en la materia.


Dicen los científicos que la pandemia llegó para quedarse. Los protocolos de sanidad también. Los besos y abrazos podrían ser armas letales.
Nos han quitado mucho, pero también nos queda un infinito mundo por explorar. El cambio de piel lo estamos experimentando, tal como lo hacen las serpientes.


Una cosa es ser un adulto viviendo esta pandemia y otra ser niño. Se vive de diferente manera.


Pensemos tan sólo en un cumpleaños a la nueva usanza de la Sana Distancia. Sin abrazos, sin más gente de la necesaria y a una distancia de 1.5 metros, sin soplar las velitas del pastel.
Si la nueva experiencia para un adulto es dura, para un niño será incomprensible.

Aquellos tiempos a donde en el salón de clases se sentenciaba el conocido “nos vemos a la salida” para agarrarse a moquetazos, azuzados por el resto de los cuates todos en bola, cómo será ahora ¿Usarán gel antes y después de los moquetazos?


Pensemos en nuestras próximas salidas a un restaurante, a un cine, a un concierto a donde, por cierto, parte de la experiencia es el convivio en cercanía.

Pensemos en el retorno a las oficinas, en el convivio con nuestros compañeros.


La sana distancia podría dejar de ser tan sana para nuestra identidad, pero, aun así, necesaria.


Por ahora, a pesar de continuar en contingencia por Covid19, las marchas con diversas consignas se están dando en todo el mundo, sin sana distancia, sin protocolos de sanidad.

En los transportes públicos se hace un esfuerzo por mantener distancia, pero es imposible.


Este es el panorama de nuestra “nueva realidad” en la mayor parte del mundo.

Y éste es el contexto a donde debemos ser altamente productivos en las empresas, generar desarrollo en el país, invertir, reactivar las economías, generar bienestar.


Llegó el momento de cambiar muchos discursos.
Sí que éramos tan felices y no lo sabíamos.

Por lo pronto yo prefiero construir “mi nueva felicidad”, sólo para cambiar un poco lo de la “nueva realidad”.

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